Binge-Watching y humor sin filtro
Justo como cuando era pequeña, sentada en la alfombra delante de la tele riéndome a más no parar y mis padres detrás mía en el sofá pensando: "¿lo dejamos o lo quitamos?". Mi gusto por las series de animación para adultos empezó como un morbo de ver algo que no era para mí, y ahora continúa como uno de los géneros que más me gustan. Ese humor negro y ácido que antes solo mis padres entendían, y que ahora puedo decir que entiendo mejor que ellos. La primera serie de este tipo que recuerdo haber visto es la entrañable familia de color amarillo con un padre calvo, borracho, gordo y torpe. Pero no solo de amarillo vivían mis gustos, también había lugar para el otro parecido “Padre de Familia” con sus gags y bromas políticamente incorrectas. También para el agente de la CIA con un alienígena con trastorno de personalidad múltiple que vive en su ático. Esa extraña familia con una hamburguesería a la que siempre quise ir. Esos cuatro recortes de cartulina con patas que veía mi herma...